.LA ESCRITURA COMO PROCESO PARA EL DESARROLLO
INTELECTUAL
El proceso de escribir es una estrategia comunicacional que el individuo empieza a incorporar en su proceso cognitivo desde sus inicios, el hombre, por su naturaleza es un ser social, no puede desarrollarse alejado de su entorno, ya que el mismo, lo nutre ofertándole muchas experiencias donde la comunicación juega crucial. En virtud de esto, es totalmente normal observar como los niños desde muy pequeños de forma natural comienzan a demandar la necesidad de comunicarse de alguna forma. Por su etapa, es más sencillo recurar al garabateo para expresar sus ideas con su entorno inmediato, el hogar. Cuando el niño toma un lápiz para rayar paredes, o el cuaderno de sus hermanos y adultos significantes para hacer trazos en ellos, se denota como ya éste pequeño sin saberlo se está convirtiendo en usuario de la lengua escrita. Pero, realmente es en la segunda etapa de la infancia (desde los 5 ó 6 años de edad aproximadamente) cuando el pequeño comienza a adquirir la verdadera competencia ecritural, (Vigostky, 1.978). Por ende, la escuela es el ente institucional encargado de iniciar y formalizar el saber, para ello, es necesaria la asistencia a ésta para el adiestramiento y la preparación integral del alumno, en este y otros aspectos, teniendo en cuenta, que la misma como agente socializador fragua en el niño múltiples competencias cognitivas que perdurarán a largo plazo.
Escribir es una actividad innata y necesaria en el ser humano, porque al igual que otras actividades como bailar, cantar, aprender, entre otras, son producciones netamente naturales de la persona, como fue explicado en líneas anteriores. Esto se podría constatar al retroceder un poco en el tiempo y observa como durante la antigüedad los cavernícolas escribían jeroglíficos para expresar ideas, su cultura, sus historias y triunfos sin tener ningún tipo de conocimiento previo en relación a los procesos de escritura en su forma y esencia, es decir, no conocían el verdadero arte de escribir, modernamente hablando.
Calsamiglia y Tusón (1999) explican que grandes culturas como la Maya y la China adoptaron diferentes símbolos para expresar sus ideas y que en el año 3500 a. C. es cuando surge la invención de la escritura alfabética, la cual posteriormente evidenciaría una extensión por algunas áreas determinadas del planeta como Mesopotámica y Egipto dicho acontecimiento surge alrededor del 2000 a.C. extendiéndose a partir de los Fenicios en el siglo X a. C. para ser adoptado por los árabes, hebreos y arameos pero, con la utilización de consonantes únicamente. Pero son los griegos los que incorporan para complementar el proceso las vocales, los cuales cerrarían un ciclo de largar transiciones.
Hoy día, la escritura tiene una gran importancia en la sociedad, porque entre otras cosas, permite comunicar, ideas, posturas y opiniones que podrían ser expresadas verbalmente.
Tusón (1997) afirma que: “La escritura es una técnica específica para fijar la actividad verbal mediante el uso de signos gráficos que representan, ya sea icónica o convencionalmente, la producción lingüística y que se realizan sobre la superficie de un material de características aptas para conseguir la finalidad básica de esta actividad, que es dotar al mensaje de un cierto grado de durabilidad” (citada en Calsamiglia y Tusón 1999).
Por lo tanto, es imprescindible aprender correctamente las técnicas implícitas en la escritura, no sólo ortográfica y semánticamente, sino en todo lo que compete a su estructura y funcionalidad, para poder recurrir a ella con la propiedad que el caso amerita. Esto permitirá la expresión de ideas coherentes que trasmitan de forma clara y específica la intencionalidad del texto, recurriendo a ideas propias, que le aportarán un estilo personal a lo escrito. Los cuales reflejarán deseos y aspiraciones enmarcados bajo la consigna de perseguir un fin puntual, que será percibido por el lector.
Al tener en cuenta, no sólo la importancia de la escritura como proceso, sino lo necesario de un guía conocedor de la temática, surge una interrogante que refleja el nivel de participación de esta figura promotora de conocimiento, es decir, el maestro. Entonces ¿realmente los docentes basan la enseñanza en un modelo cognitivo para desarrollar la producción escrita o se fundamentan únicamente en modelos mecanicistas poco funcionales y aplicables al contexto donde se desenvuelve el alumno?
Los alumnos de educación básica, en al mayoría de los casos, dirigen toda su energía en lo que a atender clases y cumplir con un programa se refiere, dan poca importancia al desarrollo de las capacidades inmersas en el escribir involucrando en el proceso las tan nombradas ideas propias. Para ellos, lo más importante es que el profesor califique su composición escrita tomando en cuenta específicamente la aplicación de las reglas ortográficas, distribución del texto y coherencia en las ideas, entre otras, las cuales transmitan la impresión de que se cumplieron todos los parámetros demandados por el docente.
Por lo general, el común denominador en las aulas de clases, es una actitud desmotivante por parte de los alumnos ante la posibilidad aprender todo lo referente al proceso de escritura, por no encontrar quien forje en ellos ese deseo de investigación e indagación que permitirá conocer más una temática determinada; por consiguiente demuestran bajo interés en el desarrollo de la habilidad productiva, tan necesaria para la redacción de textos escritos.
El objetivo principal es que el educando comprenda que no sólo se trata de demostrar que leyó y cumplió con la actividad, sino, que lo importante es compartir creando cabida para la discusión de ideas y en conjunto con las personas de su entorno educativo desarrollar una postura crítica que se asiente de una manera escrita su enfoque y composición argumentando, describiendo, narrando y exponiendo lo investigado incluyendo bases teóricas confiables. Según Cassany (1987), la escritura permite al alumno almacenar conocimientos y liberar la mente de la obligación de memorizar y haciendo énfasis en el análisis y el razonamiento. Si esta problemática no se aborda, con la seriedad y la relevancia que amerita el caso, el efecto que ocasiona paulatinamente en el estudiante estará puesto de manifiesto en todos sus trabajos; pues los mismos nunca serán completamente buenos en su estructura y desarrollo, debido a que adolecerán de técnicas y conceptos básicos necesarios para la demanda de la producción escrita requerida en ese nivel. Esto puede generar un cierto conformismo en los alumnos y futuros profesionales, los cuales denotarán diferencias palpables en el plano académico, en relación a quien sí maneje las técnicas requeridas en el proceso estructural, por lo tanto, su desempeño en el campo laboral, no será óptimo como es de esperarse.
El docente, como facilitador del conocimiento, tiene que romper con ese viejo paradigma, se basado en que el niño debe aprender conceptos básicos que recaerán en puras letras muertas. Es tiempo de empezar a motivar a los estudiantes para que sean investigadores de la lengua escrita para posteriormente desarrollar: habilidades como escritor, capacidades para hablar y expresarse correctamente, gozando de un variado repertorio de palabras técnicas que utilizará en su vida cotidiana y por último, y no menos importante, a pensar. Todo lo planteado anteriormente invitará al niño a pensar con un sentido crítico. Para ello, es necesaria la estimulación intelectual y emocional. Es allí donde el docente juega un papel fundamental, porque él le hará sentir al alumno a través de estrategias motivadoras, que su trabajo es importante para su aprendizaje personal y el de el resto de sus compañeros con los cuales comparte ese proceso escritural y no sólo para cumplir con requisitos institucionales, que suelen ser generalizados y no específicos.
El objetivo principal de toda institución educativa debe ser, que el alumno desarrolle la capacidad de comunicar de forma oral o por escrito las ideas e inquietudes que tiene; de esta manera puede aumentar su capacidad de pensar por si mismo la cual es primordial para el aprendizaje, es decir, escribir para aprender. Porter (2001), basándose en este planteamiento es necesario que el docente recurra a diferentes estrategias en busca de alcanzar la excelencia escritural, el ensayo es una buena elección que el docente puede implementar para que el niño empiece a perfeccionarse en la escritura, el mismo como texto argumentativo, le da la oportunidad al alumno de documentarse, pensar críticamente y organizar ideas, para luego ser plasmadas en el papel.
En este mismo orden de ideas, Villalba de Ledesma y Pinto de Escalona (1996) sugieren estrategias que pueden ser utilizadas en el aula por el docente, una de ellas es que a partir de la segunda etapa de educación básica, los alumnos se organicen en grupos para releer lo escrito previamente y verificar si dicha producción está ajustado a las normas establecidas en la lengua escrita, como lo son: la coherencia, si están bien empleados los conectores, si la distribución es la idónea etc. Esto ayudará al alumno a reconocer errores y a subsanarlos en tiempo real, mientras simultáneamente opinan sobre los escritos de sus demás compañeros.
Es importante, que en el proceso de escribir, el docente esté siempre vigilante y acompañando al niño en las etapas de preescribir, escribir y reescribir, para entender como ellos piensan de forma individual o grupal, cada uno utilizando el lenguaje y las ideas con su estilo personal (Porte, 2001). El maestro, en este caso, es el factor motivacional para que el estudiante produzca escritos de calidad, ya que escribir es una actividad que requiere de ciertas de destrezas, pero que éstas se van adquiriendo a medida que el educando se cultiva intectualmente y produce sus propios escritos, para ello es necesario que el alumno desarrolle el hábito de lectura.
REFERENCIAS
Porter, L. (2001) Evaluación de profesores. Publicado por el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores, Universidad Veracruzana. México
Cassany, D. (1987) Describir el escribir. Como se aprende a escribir. Barcelona. Paidós.
Calsamiglia, H. y Tusón, A. (1999) Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Barcelona.
INTELECTUAL
El proceso de escribir es una estrategia comunicacional que el individuo empieza a incorporar en su proceso cognitivo desde sus inicios, el hombre, por su naturaleza es un ser social, no puede desarrollarse alejado de su entorno, ya que el mismo, lo nutre ofertándole muchas experiencias donde la comunicación juega crucial. En virtud de esto, es totalmente normal observar como los niños desde muy pequeños de forma natural comienzan a demandar la necesidad de comunicarse de alguna forma. Por su etapa, es más sencillo recurar al garabateo para expresar sus ideas con su entorno inmediato, el hogar. Cuando el niño toma un lápiz para rayar paredes, o el cuaderno de sus hermanos y adultos significantes para hacer trazos en ellos, se denota como ya éste pequeño sin saberlo se está convirtiendo en usuario de la lengua escrita. Pero, realmente es en la segunda etapa de la infancia (desde los 5 ó 6 años de edad aproximadamente) cuando el pequeño comienza a adquirir la verdadera competencia ecritural, (Vigostky, 1.978). Por ende, la escuela es el ente institucional encargado de iniciar y formalizar el saber, para ello, es necesaria la asistencia a ésta para el adiestramiento y la preparación integral del alumno, en este y otros aspectos, teniendo en cuenta, que la misma como agente socializador fragua en el niño múltiples competencias cognitivas que perdurarán a largo plazo.
Escribir es una actividad innata y necesaria en el ser humano, porque al igual que otras actividades como bailar, cantar, aprender, entre otras, son producciones netamente naturales de la persona, como fue explicado en líneas anteriores. Esto se podría constatar al retroceder un poco en el tiempo y observa como durante la antigüedad los cavernícolas escribían jeroglíficos para expresar ideas, su cultura, sus historias y triunfos sin tener ningún tipo de conocimiento previo en relación a los procesos de escritura en su forma y esencia, es decir, no conocían el verdadero arte de escribir, modernamente hablando.
Calsamiglia y Tusón (1999) explican que grandes culturas como la Maya y la China adoptaron diferentes símbolos para expresar sus ideas y que en el año 3500 a. C. es cuando surge la invención de la escritura alfabética, la cual posteriormente evidenciaría una extensión por algunas áreas determinadas del planeta como Mesopotámica y Egipto dicho acontecimiento surge alrededor del 2000 a.C. extendiéndose a partir de los Fenicios en el siglo X a. C. para ser adoptado por los árabes, hebreos y arameos pero, con la utilización de consonantes únicamente. Pero son los griegos los que incorporan para complementar el proceso las vocales, los cuales cerrarían un ciclo de largar transiciones.
Hoy día, la escritura tiene una gran importancia en la sociedad, porque entre otras cosas, permite comunicar, ideas, posturas y opiniones que podrían ser expresadas verbalmente.
Tusón (1997) afirma que: “La escritura es una técnica específica para fijar la actividad verbal mediante el uso de signos gráficos que representan, ya sea icónica o convencionalmente, la producción lingüística y que se realizan sobre la superficie de un material de características aptas para conseguir la finalidad básica de esta actividad, que es dotar al mensaje de un cierto grado de durabilidad” (citada en Calsamiglia y Tusón 1999).
Por lo tanto, es imprescindible aprender correctamente las técnicas implícitas en la escritura, no sólo ortográfica y semánticamente, sino en todo lo que compete a su estructura y funcionalidad, para poder recurrir a ella con la propiedad que el caso amerita. Esto permitirá la expresión de ideas coherentes que trasmitan de forma clara y específica la intencionalidad del texto, recurriendo a ideas propias, que le aportarán un estilo personal a lo escrito. Los cuales reflejarán deseos y aspiraciones enmarcados bajo la consigna de perseguir un fin puntual, que será percibido por el lector.
Al tener en cuenta, no sólo la importancia de la escritura como proceso, sino lo necesario de un guía conocedor de la temática, surge una interrogante que refleja el nivel de participación de esta figura promotora de conocimiento, es decir, el maestro. Entonces ¿realmente los docentes basan la enseñanza en un modelo cognitivo para desarrollar la producción escrita o se fundamentan únicamente en modelos mecanicistas poco funcionales y aplicables al contexto donde se desenvuelve el alumno?
Los alumnos de educación básica, en al mayoría de los casos, dirigen toda su energía en lo que a atender clases y cumplir con un programa se refiere, dan poca importancia al desarrollo de las capacidades inmersas en el escribir involucrando en el proceso las tan nombradas ideas propias. Para ellos, lo más importante es que el profesor califique su composición escrita tomando en cuenta específicamente la aplicación de las reglas ortográficas, distribución del texto y coherencia en las ideas, entre otras, las cuales transmitan la impresión de que se cumplieron todos los parámetros demandados por el docente.
Por lo general, el común denominador en las aulas de clases, es una actitud desmotivante por parte de los alumnos ante la posibilidad aprender todo lo referente al proceso de escritura, por no encontrar quien forje en ellos ese deseo de investigación e indagación que permitirá conocer más una temática determinada; por consiguiente demuestran bajo interés en el desarrollo de la habilidad productiva, tan necesaria para la redacción de textos escritos.
El objetivo principal es que el educando comprenda que no sólo se trata de demostrar que leyó y cumplió con la actividad, sino, que lo importante es compartir creando cabida para la discusión de ideas y en conjunto con las personas de su entorno educativo desarrollar una postura crítica que se asiente de una manera escrita su enfoque y composición argumentando, describiendo, narrando y exponiendo lo investigado incluyendo bases teóricas confiables. Según Cassany (1987), la escritura permite al alumno almacenar conocimientos y liberar la mente de la obligación de memorizar y haciendo énfasis en el análisis y el razonamiento. Si esta problemática no se aborda, con la seriedad y la relevancia que amerita el caso, el efecto que ocasiona paulatinamente en el estudiante estará puesto de manifiesto en todos sus trabajos; pues los mismos nunca serán completamente buenos en su estructura y desarrollo, debido a que adolecerán de técnicas y conceptos básicos necesarios para la demanda de la producción escrita requerida en ese nivel. Esto puede generar un cierto conformismo en los alumnos y futuros profesionales, los cuales denotarán diferencias palpables en el plano académico, en relación a quien sí maneje las técnicas requeridas en el proceso estructural, por lo tanto, su desempeño en el campo laboral, no será óptimo como es de esperarse.
El docente, como facilitador del conocimiento, tiene que romper con ese viejo paradigma, se basado en que el niño debe aprender conceptos básicos que recaerán en puras letras muertas. Es tiempo de empezar a motivar a los estudiantes para que sean investigadores de la lengua escrita para posteriormente desarrollar: habilidades como escritor, capacidades para hablar y expresarse correctamente, gozando de un variado repertorio de palabras técnicas que utilizará en su vida cotidiana y por último, y no menos importante, a pensar. Todo lo planteado anteriormente invitará al niño a pensar con un sentido crítico. Para ello, es necesaria la estimulación intelectual y emocional. Es allí donde el docente juega un papel fundamental, porque él le hará sentir al alumno a través de estrategias motivadoras, que su trabajo es importante para su aprendizaje personal y el de el resto de sus compañeros con los cuales comparte ese proceso escritural y no sólo para cumplir con requisitos institucionales, que suelen ser generalizados y no específicos.
El objetivo principal de toda institución educativa debe ser, que el alumno desarrolle la capacidad de comunicar de forma oral o por escrito las ideas e inquietudes que tiene; de esta manera puede aumentar su capacidad de pensar por si mismo la cual es primordial para el aprendizaje, es decir, escribir para aprender. Porter (2001), basándose en este planteamiento es necesario que el docente recurra a diferentes estrategias en busca de alcanzar la excelencia escritural, el ensayo es una buena elección que el docente puede implementar para que el niño empiece a perfeccionarse en la escritura, el mismo como texto argumentativo, le da la oportunidad al alumno de documentarse, pensar críticamente y organizar ideas, para luego ser plasmadas en el papel.
En este mismo orden de ideas, Villalba de Ledesma y Pinto de Escalona (1996) sugieren estrategias que pueden ser utilizadas en el aula por el docente, una de ellas es que a partir de la segunda etapa de educación básica, los alumnos se organicen en grupos para releer lo escrito previamente y verificar si dicha producción está ajustado a las normas establecidas en la lengua escrita, como lo son: la coherencia, si están bien empleados los conectores, si la distribución es la idónea etc. Esto ayudará al alumno a reconocer errores y a subsanarlos en tiempo real, mientras simultáneamente opinan sobre los escritos de sus demás compañeros.
Es importante, que en el proceso de escribir, el docente esté siempre vigilante y acompañando al niño en las etapas de preescribir, escribir y reescribir, para entender como ellos piensan de forma individual o grupal, cada uno utilizando el lenguaje y las ideas con su estilo personal (Porte, 2001). El maestro, en este caso, es el factor motivacional para que el estudiante produzca escritos de calidad, ya que escribir es una actividad que requiere de ciertas de destrezas, pero que éstas se van adquiriendo a medida que el educando se cultiva intectualmente y produce sus propios escritos, para ello es necesario que el alumno desarrolle el hábito de lectura.
REFERENCIAS
Porter, L. (2001) Evaluación de profesores. Publicado por el Instituto de Investigaciones y Estudios Superiores, Universidad Veracruzana. México
Cassany, D. (1987) Describir el escribir. Como se aprende a escribir. Barcelona. Paidós.
Calsamiglia, H. y Tusón, A. (1999) Las cosas del decir. Manual de análisis del discurso. Barcelona.
AUTOEVALUACIÒN
El escritor, para elaborar su texto necesita de todo un proceso escritural, el cual le permitirá desarrollar toda la temática con la intencionalidad que requiere y de manera estructurada. En la redacción de mi composición fueron muchas las inquietudes planteadas para comenzar a definirlo, en primer lugar, lograr establecer un tema que fuera de interés al lector y donde se formulara un problemática vigente a nivel educativo, para ello, busque en diversos recursos bibliográficos, que fueron facilitados por mi profesora de la cátedra, mientras que otros los obtuve de la biblioteca central la UPEL, también indague en fuentes virtuales, y fue así como obtuve un nombre para mi trabajo. En segundo lugar, quería formular una pregunta retórica que guardara estrecha relación con la realidad de la temática escogida en un contexto educacional y que ésta fuera analizada durante el desarrollo con enunciados puntales, la escogencia de esta pregunta, por decirlo de alguna manera, era algo frustrante, pues no encontraba una que llenara mis expectativas, cunado logre redactar la interrogante que me satisfizo, resulto que a mi profesora no le pareció la más acordé, por lo tanto, fue sustituida por otra mejor con su ayuda, de la cual nace todo el desarrollo del texto.
Por último busque establecer las causas, efectos y posibles soluciones del problema respaldados por expertos en la materia y se sugirió las estrategias que podía poner en practica el docentes y los alumnos para obtener resultados óptimos al redactar un trabajo. Sin embargo, cuando creía que todo en mi escrito estaba perfecto, tuve la primera decepción cuando la docente de la cátedra nos indica que le entreguemos nuestros temas a alguna compañera para realizar el proceso de revisión, es allí donde me doy cuenta que tengo muchos problemas de redacción y que tengo que mejorar con la práctica, las revisiones subsiguientes fueron mejorando, pero debo confesar que la primera fue muy dolorosa.
Hoy, después de todo, estoy publicando el texto ya culminado con la redacción y coherencia adecuada, fue realizado con esfuerzo y dedicación tomando en cuenta que soy una escritora principiante pero en busca de la excelencia.
El escritor, para elaborar su texto necesita de todo un proceso escritural, el cual le permitirá desarrollar toda la temática con la intencionalidad que requiere y de manera estructurada. En la redacción de mi composición fueron muchas las inquietudes planteadas para comenzar a definirlo, en primer lugar, lograr establecer un tema que fuera de interés al lector y donde se formulara un problemática vigente a nivel educativo, para ello, busque en diversos recursos bibliográficos, que fueron facilitados por mi profesora de la cátedra, mientras que otros los obtuve de la biblioteca central la UPEL, también indague en fuentes virtuales, y fue así como obtuve un nombre para mi trabajo. En segundo lugar, quería formular una pregunta retórica que guardara estrecha relación con la realidad de la temática escogida en un contexto educacional y que ésta fuera analizada durante el desarrollo con enunciados puntales, la escogencia de esta pregunta, por decirlo de alguna manera, era algo frustrante, pues no encontraba una que llenara mis expectativas, cunado logre redactar la interrogante que me satisfizo, resulto que a mi profesora no le pareció la más acordé, por lo tanto, fue sustituida por otra mejor con su ayuda, de la cual nace todo el desarrollo del texto.
Por último busque establecer las causas, efectos y posibles soluciones del problema respaldados por expertos en la materia y se sugirió las estrategias que podía poner en practica el docentes y los alumnos para obtener resultados óptimos al redactar un trabajo. Sin embargo, cuando creía que todo en mi escrito estaba perfecto, tuve la primera decepción cuando la docente de la cátedra nos indica que le entreguemos nuestros temas a alguna compañera para realizar el proceso de revisión, es allí donde me doy cuenta que tengo muchos problemas de redacción y que tengo que mejorar con la práctica, las revisiones subsiguientes fueron mejorando, pero debo confesar que la primera fue muy dolorosa.
Hoy, después de todo, estoy publicando el texto ya culminado con la redacción y coherencia adecuada, fue realizado con esfuerzo y dedicación tomando en cuenta que soy una escritora principiante pero en busca de la excelencia.
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